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Al contrario de nuestro país y de EE.UU. (anteriormente a la era Trump), Japón siempre ha tenido una estricta política de inmigración.

Ésta norma ya ha comenzado a generar efectos negativos dentro del país, por ejemplo, muchas de la industrias niponas no cuentan con la cantidad suficiente de trabajadores para operar de forma correcta, perjudicando el crecimiento económico de la nación.

Dados estos motivos es que el gobierno de Tokio está tratando de actualizar sus políticas de inmigración y por primera vez el año pasado, los inmigrantes que trabajan en Japón superaron al millón de personas. No obstante, no todo es positivo ya que muchos de los trabajadores extranjeros han denunciado que son víctimas de fraude, bajos sueldos y abuso por parte de sus empleadores.

Por lo general, los inmigrantes provienen de otros países del Asia y llegan en programas auspiciados por el gobierno con la esperanza de tener una mejor vida. De hecho, gran parte de la industria alimenticia y manufacturera contratan a este tipo de trabajadores, ya que sin ellos, lucharían por seguir operando.

Muchos de estos inmigrantes toman estos trabajos en un país donde la población va decreciendo constantemente, el desempleo llega a cifras del 3% en algunos lugares y encontrar trabajo es simplemente llegar y pedirlo. Se puede apreciar como este aumento de trabajadores extranjeros se ha convertido lentamente en un nuevo motor de la economía, en una nación donde la demanda por empleados supera con creces la oferta.

Los planes del país nipón es que este tipo de trabajadores se mantengan en la nación asiática por un plazo entre 3 a 5 años y permitir que más negocios puedan contratarlos.

Problemas en el futuro

Aún con estas políticas, Japón aún tendrá mayores problemas a futuro. La población decrece rápidamente dentro del país y se estima que si no existe una mayor inmigración, la población para el año 2100 decrecerá en 44 millones de personas, bajando de 127 millones a solamente 83 millones de habitantes. Efectos que a largo plazo, claramente afectarían la posición del país en el mundo y éste dejaría de ser la tercera economía más poderosa del planeta.