Después del triunfo y los festejos del 17 de diciembre, cuando la centro derecha y específicamente el candidato presidencial Sebastián Piñera obtuvo 54,5 de las preferencias, el presidente electo están a horas de presentar el nuevo gabinete que tendrá una larga tarea por delante.

Sin embargo, el segundo gobierno del futuro mandatario tendrá que dejas atrás a los gerentes, las chaquetas rojas, los pendrives y  poner en práctica las lecciones aprendidas durante su primera administración,  debiendo optar por un gabinete más político que técnico, que lo ayuden a llevar a delante su programa.

La elección de 19 de noviembre  trajo una nueva distribución de fuerzas, cambiando de un sistema binominal a uno proporcional, el que rompió con el sistema de 2 grandes coaliciones introduciendo una tercera fuerza política, el Frente Amplio (FA). Esta nueva fuerza política ha reorganizado la representación en ambos hemiciclos.  La Cámara de Diputados queda establecida como se señala: Chile Vamos 73 diputados, Nueva Mayoría 56, FA 20, Federación Regionalista 4, Partido Progresista 1, independiente fuera de pacto 1. En cambio en el Senado, la correlación de fuerzas  se reparte de esta forma: 19 Chile Vamos, 21 Nueva Mayoría, FA 1, más 2 independientes.

Dado estos resultados, el nuevo Gobierno tendrá que negociar y buscar entendimientos, pero esto dependerá quien sea el nuevo Ministro Secretario General de la Presidencia, quien debe ser una persona con gran habilidad política, para unir a las fuerzas de Chile Vamos  y tender puentes con sectores de la oposición.

Otro flanco, no menos importante que el político, es el de la fortuna personal de Piñera. El futuro mandatario después de verse involucrado en diferentes cuestionamientos con respecto a sus inversiones (Exalmar, Bancar, sus sociedades en Islas Vírgenes y Luxemburgo), optó por acogerse a la ley 20.880 del fideicomiso ciego, además comprometerá las inversiones en el extranjero del él y su familia en otro fideicomiso voluntario para evitar conflictos de interés en el futuro.

Una de las grandes tareas que tendrá que enfrentar el nuevo Gobierno es la deuda fiscal que al término de la actual administración alcanzará  el 25% de PIB y mejorar la clasificación de riego de Standar & Poors .Es por esto que la administración Piñera se ha fijado  como meta doblar la expiación de la  actividad económica en números cercanos al 4% a fines del periodo presidencial. Además, incorporará un plan de ahorro fiscal y austeridad en el gasto para revertir e impulsar mayor actividad económica.

Para la nueva administración, otro desafío mayor será la productividad y la inversión, dado que ambos indicadores han caído durante los últimos años. Para revertir esta tendencia, la siguiente administración pretende agilizar las inversiones y proyectos que cuenten con Resolución de Calificación Ambiental favorable y a través de una consultoría internacional mejorar y actualizar el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Con respecto a la productividad, el Estado debe ser más eficiente con regulaciones modernas que cautelen lo bienes públicos y privados. Junto a esto, se deberá avanzar en una estructura tributaria más simple que reduzca el exceso de regulación.

Muchas tareas, poco tiempo y  una oposición que no se ve amistosa.  Esperemos que la segunda parte, a pesar del dicho, sea buena. Pero esto sólo el tiempo lo dirá. Piñera no sólo pone en juego su capital político, sino que  el de una coalición que espera gobernar, al menos, 8 años.